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La Tradición. |

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Durante el tiempo que Fernando III permanece en Sevilla el rey mantuvo especiales
atenciones con la Cofradía del Apóstol San Mateo, formada por
miembros pertenecientes al Gremio de los sastres, la cual sostenía
a sus expensas un hospital benéfico.
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El Rey se recibe en
ella como hermano, participa en alguna procesión y le hace entrega, como
testimonio de distinción, de uno de los estandartes que concurrieron a la
conquista de Sevilla.
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A la
muerte del Rey, la cofradía se siente obligada a corresponder de algún
modo a los Reales favores recibidos y en sus Ordenanzas de 1525 incluyen
el acuerdo de que siempre que tenga lugar algún acto en honor a su
memoria, habrán de acudir a él vestidos de alabarderos y armados con
alabardas para rendirle los honores de Soberanía. De esta forma los
miembros de la cofradía participan en las diferentes ceremonias que a
través de los años se organizan.
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Dispuesto por Felipe V que el sarcófago se abra periódicamente en las
fechas señaladas, la Cofradía descuida este privilegio, hasta que en el año 1786 presentan
ante el Cabildo de la Capilla Real un memorial en el que exponen su
pretensión de dar otra vez la guardia. El Cabildo decide autorizarles pero
le impone una serie de condiciones que de no cumplirse significaría la
no-concesión por más tiempo de esta permisión.
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El
Cabildo se dirige al rey en solicitud de que
"para condecorar un sepulcro de
tanta veneración, se le señale una lucida guardia mandada por un Oficial
subalterno y que la provea el cuerpo de Tropas más privilegiado que se
halle en la ciudad". Esta petición fue
favorablemente informada por el Comandante General de Andalucía y el 25 de
septiembre de 1805 el rey Carlos IV concede la gracia solicitada.
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[Gracias a Eusebio León,
gastador de la Escuadra del RING2] |